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IDEOLOGIA, SOCIALISMO Y MARXISMO
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IDEOLOGIA, SOCIALISMO Y MARXISMO


FUNDADORES DE LA TEORIA COMUNISTA

Que los teóricos comunistas fueron todos judíos, es cosa que está plenamente comprobada, pese al sistema que constantemente usaron los judíos –tanto los teóricos como los revolucionarios prácticos- de adquirir a modo de sobrenombre un apellido y un nombre que velara su origen a los ojos del pueblo en donde vivieron.
1.- El fundador del sistema fue, como es sabido, Karl Heinrich Marx; judío alemán, cuyo verdadero nombre era el de Kissel Mordecay, nacido en Treves, Prusia Renana, hijo de un abogado judío. A sus doctrina comunista le dio el nombre de socialismo científico, nombre injustificado ya que los hechos han demostrado que ninguna base científica tiene muchos de sus postulados básicos.
Antes de su famosa obra “El Capital” –concepción fundamental del comunismo teórico y cuyas ideas se dedicó a propagar por el mundo con inagotable actividad hasta su muerte en 1887- había escrito y publicado en Londres el “Manifiesto Comunista” en compañía del judío Engels el año de 1848. Anteriormente, entre 1843 y 1847, había formulado en Inglaterra –cuyos gobiernos en forma extraña lo protegieron- la primera concepción moderna del nacionalismo hebreo a través de sus artículos, como el publicado en 1844 en la revista “Deustch-Französische Jahrbücher” titulado “Zur Judenfrage” (Sobre la cuestión judía) y que tiene una tendencia ultranacionalista judía.

2.- Frederik Engels, creador junto con Marx de la Primera Internacional y colaborador íntimo de Marx. Judío, nació en Barmen, Alemania, siendo su padre un comerciante judío de algodón de la localidad. Murió en 1894.

3.- Karl Kautski, cuyo verdadero apellido fue Kaus; autor del libro. “Los orígenes del cristianismo” en donde principalmente combate los fundamentos del cristianismo. Fue el más importante intérprete de Marx. Publicó en 1887 “Las enseñanzas económicas de Karl Marx para el entendimiento de todos”; “La matanza de Chisinaw” y “La custión judía” en 1903; “La lucha de clases”, que fue para Mao Tse-tung, en China, el libro fundamental para la instrucción comunista; y la obra intitulada “La vanguardia del socialismo”, en el año 1921. Fue también el autor del “Programa socialista” de Ehrfurt, Alemania. Este judío nació en Praga en 1854 y murió en 1938 en La Haya, Holanda. Debido a esos pleitos de familia que surgen con frecuencia entre los dirigentes judíos, se vio envuelto con posterioridad en una enconada lucha con Lenin.

4.- Ferdinand Lassalle, judío nacido en Breslau en 1825; después de haberse mezclado en la revolución democrática de 1848, publica en el año de 1863 su obra titulada “Contestaciones abiertas”, en la que traza un plan revolucionario para los obreros alemanes. Desde entonces trabajó incansablemente en una intensa campaña “socialista” tendiente a la rebelión de lso obreros, para lo cual publica otra obra con el título de “Kapital und Arbeit”. Su socialismo, aunque en algunos aspectos difería del de Marx, coincidía con éste en sus resultados finales, o sea, suprimir la propiedad privada para ponerla en manos del Estado, controlado por el judaísmo, naturalmente.

5.- Eduard Bernstein, judío nacido en Berlín en 1850. Sus principales obras son: “Suposiciones sobre el socialismo”, “Adelante socialismo”, “Documentos del socialismo”, “Historia y teoría del socialismo”, “Socialdemocracia de hoy en teoría y práctica”, “Los deberes de la socialdemocracia” y “Revolución Alemana”, todas ellas estructurando la doctrina comunista y fundamentadas en las concepciones de Marx. En 1918 fue nombrado ministro de Hacienda del Estado alemán socialista, que felizmente no llegó a sostenerse sino unos meses.

6.- Jacob Lastrow, Max Hirsch, Edgar Löening, Wirschauer, Babel, Schatz, David Ricardo y otros muchos escritores del comunismo teórico, fueron judíos. En todos los países se encuentran casi exclusivamente escritores judíos predicando el comunismo a las masas, aunque tratando en muchas ocasiones de proceder con cautela en sus escritos, dándoles siempre un sentido de humanidad y hermandad que ya hemos visto en la práctica lo que significan (8).






MIEMBROS DEL PRIMER GOBIERNO COMUNISTA DE MOSCÚ (1918)



(Consejo de “Comisarios del Pueblo”)



1.- Ilich Ulin (Vladimir Ilich Ulianov o Nicolás Lenin), presidente del Soviet Supremo; judío en la línea materna. Su madre se llamaba Blank, judía de origen alemán.

2.- Lew Davidovich Bronstein (León Trotsky), comisario del Ejército Rojo y de la Marina; judío.

3.- Iosiph David Vissarionovich Djugashvili-Kochba (José Vissarionovich Stalin), comisario de las Nacionalidades; descendiente de judíos georgianos.

4.- Chicherin, comisario para los Asuntos Exteriores; ruso.

5.- Apfelbaum (Grigore Zinoviev), comisario para los Asuntos Interiores; judío.

6.- Kohen (Volodarsky), comisario de la Prensa y Propaganda; judío.

7.- Samuel Kaufman, comisario para los Terrenos del Rstado; judío.

8.- Steinberg, comisario de Justicia; judío.

9.- Schmidt, comisario de la Prensa y Propaganda; judío.

10.- Ethel Knigkisen (Lilianan), comisaria del Abastecimiento; judía.

11.- Pfenistein, comisario para el Acomodo de los refugiados; judío.

12.- Schlichter (Vostanolenin), comisario para los Encuartelamientos (traspasos de casas particulares a los rojos); judío.

13.- Lurie (Larin), presidente del Soviet Económico Superior; judío.

14.- Kukor (Kukorsky), comisario de la Economía; judío.

15.- Spitzberg, comisario de la Economía; judío.

16.- Urisky (Radomilsky), comisario para las `Elecciones´; judío.

17.- Lunacharsky, comisario de Enseñanza Pública; ruso.

18.- Simasko, comisario para la Higiene; judío.

19.- Protzian, comisario para la Agricultura; armenio (14).



En el apéndice existente al final de este volumen se insertan las interesantes e ilustrativas listas de los funcionarios judíos de todos los cuerpos gubernativos de la Unión Soviética, del Partido Comunista, del Ejército Rojo, de la Policía Secreta, sindicatos, etc.

“De un total de 502 cargos de primer rango en la organización y dirección de la Revolución comunista de Rusia y en la dirección del Estado soviético durante sus primeros años de existencia, nada menos que 459 puestos han sido ocupados por judíos, mientras que solamente 43 de estos cargos, por cristianos de diversos orígenes. ¿Quiénes son los que han hecho realmente esta horrorosa revolución? ¿Los cristianos?”.

“Otra estadística, publicada al parecer por el periódico contrarrevolucionario ruso “Le Ruse Nationaliste”, después del triunfo de los judeo-comunistas en Rusia, indica que de un número de 554 dirigentes comunistas de primer orden, en diversos cargos, han sido:



Judíos 447

Lituanos 43

Rusos 30

Armenios 13

Alemanes 12

Finlandeses 3

Polacos 2

Georgianos 2

Checos 1
Socialismo científico o marxismo
Carlos Marx y su colaborador y amigo Federico Engels. Ampliar imagen

Partiendo del estudio histórico sobre la transición de unas sociedades a otras, Carlos Marx y su colaborador y amigo Federico Engels realizaron un análisis de la sociedad capitalista indagando en sus contradicciones e indagando en los medios para su destrucción.
El marxismo se alejaba de los postulados teóricos, reformistas, idealistas y supuestamente irrealizables del socialismo utópico.

La Revolución de 1848 constituyó un momento clave en el desarrollo de esta nueva corriente socialista, pues a raíz de su fracaso, el marxismo reemplazó al socialismo utópico como corriente ideológica obrerista dominante, erigiéndose en motor y referente de buena parte de los movimientos revolucionarios de la segunda mitad del siglo XIX y XX. Es precisamente en 1848 cuando se publica el "Manifiesto comunista”, la obra más conocida del marxismo.

Las ideas marxistas no conforman un bloque unitario, pues los escritos de Marx han ido completándose a lo largo del tiempo y han sido objeto de notables revisiones.

El socialismo científico o marxismo presenta influencias de corrientes anteriores, destacando las procedentes de la filosofía alemana hegeliana (materialismo dialéctico), la de algunos revolucionarios como Babeuf y la de activistas obreros como Blanqui.

En sus escritos "Tesis sobre Feuerbach" (1845), "Miseria de la Filosofía" (1847), el aludido "Manifiesto Comunista" y sobre todo "El Capital", Marx y Engels desarrollaron una teoría en la que sobresalen los siguientes aspectos:
El materialismo histórico

Para el marxismo son las circunstancias materiales y no las ideas o la voluntad de los hombres las que determinan los hechos históricos. En este sentido distingue entre infraestructura (la economía) y superestructura (la organización del Estado, los aspectos políticos, jurídicos, ideológicos, el pensamiento filosófico, las creencias religiosas, la producción artística, las costumbres, etc).

Entre ambas instancias existe una estrecha relación dialéctica. La infraestructura económica constituye la base de la historia y genera unas relaciones de producción. Las variaciones en la infraestructura provocan a su vez cambios en la superestructura, pero no de forma mecánica automática, sino que cada instancia ejerce una peculiar influencia sobre la otra. A largo plazo, sin embargo, el papel determinante corresponderá a la infraestructura. Texto. Lucha de clases

Esta dinámica hay que situarla en la influencia que ejerce sobre el marxismo la teoría del proceso dialéctico de Hegel. Según este filósofio cada hecho o circunstancia (tesis) lleva en su seno su propia contradicción es decir, su destrucción (antítesis). De la pugna entre ambas surge un nuevo escenario (síntesis) que implica la superación de las anteriores y que a su vez se transforma en una nueva tesis.

La humanidad ha pasado por varios estadios con diferentes estructuras y sus propias contradicciones: sociedad comunitario-tribal, esclavista, feudal y capitalista. En ésta última la burguesía ha creado unas condiciones (económicas, legales, unos modos de vida y hasta una religión) que le permiten prosperar material y socialmente, pero a costa del proletariado, cuyos intereses son diferentes. Del mayor o menor desarrollo del movimiento obrero depende que la clase trabajadora reconozca cuáles son realmente sus intereses y luche por ellos a través de la acción revolucionaria. Texto. Lucha de clases. Contradicciones

La acumulación del capital

La intensificación de la explotación de los obreros (incremento del ritmo de trabajo, empleo infantil, jornada laboral abusiva, etc.), permiten al capitalista aumentar sus beneficios. Sin embargo, la ganancia se concentra en cada vez menor número de empresarios debido a que una parte de éstos -los menos competitivos- van desapareciendo y engrosando las filas de los desposeídos; es decir, del proletariado.
La plusvalía

Podría definirse como la diferencia entre la riqueza producida por el trabajo del obrero y el salario que éste percibe del patrono. Éste paga a aquel los gastos de los alimentos, los vestidos y el alojamiento que necesita para subsistir y seguir trabajando pero no remunera el total del valor del trabajo desarrollado. Este hecho implica un enriquecimiento del capitalista, cuya origen radica en la apropiación o acaparamiento de parte del trabajo del obrero. La plusvalía sería por tanto, la parte del trabajo que el empresario deja de satisfacer al trabajador.
La lucha de clases

Las clases sociales para el marxismo están definidas por las relaciones de producción, es decir, por la forma en que los hombres producen mercancías. En el seno de esas relaciones de producción, el papel que ocupa cada individuo viene determinado por la división del trabajo, es decir, aquellos que desarrollan una misma actividad, y por tanto están sometidos a unas idénticas condiciones, conforman una clase social. Las clases sociales están determinadas por el lugar que ocupan en el proceso de producción de la riqueza. Unos la producen y otros se apropian de parte de ella. De esa relación no cabe esperar sino el antagonismo y la hostilidad entre explotados y expladores. Marx y Engels. La clase obrera Texto. Lucha de clases

A lo largo de la historia siempre ha habido clases enfrentadas. Así en las sociedades esclavistas (Grecia y Roma en la Antigüedad) fueron antagónicos los propietarios libres y los esclavos; en el seno de la sociedad feudal el enfrentamiento se dio entre nobles y eclesiásticos por un lado y siervos de otro. Texto. Lucha de clases
En el seno de la sociedad capitalista ocurre igual: la lucha de clases la protagonizan por un lado la burguesía, propietaria de los medios de producción (capital, fábricas, máquinas, transportes, etc.); por otro el proletariado que, disponiendo únicamente de su fuerza de trabajo, se ve obligado a venderla a cambio de un salario que escasamente cubre su supervivencia. Los intereses de ambas clases son antagónicos e incompatibles y conducirán final e indefectiblemente a su enfrentamiento. A medida que el capitalismo se desarrolla el número de obreros va aumentando y ello, unido al empeoramiento de sus condiciones de vida, los empujará a la revolución. Texto. Lucha de clases

La revolución tendrá como objetivo conseguir una sociedad perfecta, sin explotadores ni explotados. Será necesario para ello abolir la propiedad privada de los medios de producción, es decir, socializarlos, lo que no significa simplemente cambiarlos de manos, pues ello implicaría sustituir a una clase propietaria por otra.
La dictadura del proletariado

Una vez que la clase obrera tome conciencia de la explotación y opresión a la que está sometida, debería agruparse en torno a partidos de carácter revolucionario, apoyándose en una vanguardia especialmente capacitada y activa, empeñada en organizar la destrucción del sistema capitalista.

Se trata de una acción que no habría de circunscribirse a un solo país, ya que las condiciones y los intereses de la clase trabajadora son idénticos en todo el mundo capitalista. Sería por tanto una labor de caracter internacional.

A través de la acción revolucionaria los obreros deben derribar el gobierno de la burguesía e implantar uno de carácter obrero. Naturalmente esto puede requerir el uso de la violencia, ya que en esta acción se encontrarán con la oposición de la clase dominante. Por eso, una vez conseguido el control del Estado es necesario salvaguardar las conquistas realizadas mediante una dictadura de los trabajadores, primer paso en el camino hacia la consecución de una sociedad comunista sin clases. Texto. Dictadura del proletariado
En esta fase el nuevo Estado que surge de la revolución suprimirá la propiedad privada de los medios de producción (elemento primordial en la explotación de la clase obrera), que será sustituida por la propiedad colectiva.

La tesis de la dictadura del proletariado ha sido una de las más controvertidas del marxismo, pues implica la conquista de una de las claves de la superestructura social: el Estado. El modo de conseguirlo fue criticado por determinados autores posteriores a Marx denominados revisionistas.
La sociedad sin clases

Una vez consolidado el nuevo Estado, el peso de éste tenderá a disminuir hasta desaparecer pues, al haber desaparecido las amenazas que pesaban sobre él, el aparato coercitivo dejará de tener sentido y cada individuo trabajará voluntariamente en beneficio de la comunidad.

Las relaciones de producción se habrán transformado y los medios de producción no estarán concentrados en manos de una minoría, sino que serán colectivos. Por lo tanto, ya no habrá ni opresores ni oprimidos, tan sólo una clase social, la trabajadora. En su seno regirá la solidaridad y la armonía entre hombre y trabajo, éste ya no será fuente de sufrimiento y alienación. Se disiparán asimismo las diferencias entre agro y ciudad, entre trabajo manual e intelectual. En suma, se habrá alcanzado una suerte de paraíso en la tierra, el de la sociedad comunista.
El revisionismo marxista

El revisionismo se puede definir como la acción de someter a revisión doctrinas, apreciaciones o prácticas ya establecidas con el objetivo de actualizarlas o modernizarlas.

El marxismo ortodoxo advertía a los obreros sobre el riesgo que constituía el pacto con otras clases sociales ajenas a sus intereses. Prevenía sobre el reformismo político en el seno del Estado capitalista. La razón es que el Estado es el principal instrumento del que se sirve la burguesía para ejercer su dominio social. El único objetivo que el proletariado debe perseguir es la toma del poder mediante la revolución.
Sin embargo, a fines del siglo XIX (a partir de la II Internacional), Eduard Bernstein, miembro del SPD (Partído Socialdemócrata Alemán ), desde una postura menos radical y más conciliadora, sostuvo que los partidos revolucionarios podían y debían según las circunstancias intervenir en el sistema político democrático y liberal, utilizando como principal arma el sufragio universal.
Afirmaba que las predicciones del marxismo en cuanto a la progresiva pauperización del proletariado eran erróneas y que los obreros habían conseguido mejorar su situación respecto a tiempos pasados. Se habría de este modo una vía no revolucionaria que perseguía cambios no radicales, sino graduales y pacíficos. Berstein. Revisionismo

E. Bernstein (1850-1932). Ampliar imagen
E. Bernstein

El revisionismo despertaría airadas críticas en los sectores más izquierdistas del marxismo (Rosa Luxemburgo, Lenin, etc.), Sin embargo, jugó un gran papel en la política del siglo XX, muestra de ello es la labor ejercida por partidos hoy plenamente consolidados y activos en Europa tales como el Partido Laborista Británico, el mencionado Socialdemócrata Alemán (SPD) o el Partido Socialista Español, entre otros.
Anarquismo

El término anarquismo es de origen griego y significa “sin autoridad ni poder”. Esta ideología, junto con el marxismo, constituye una de las corrientes más próximas al “socialismo”. Ambas, anarquismo y socialismo, coinciden en la crítica al capitalismo y en la necesidad de su eliminación, pero difieren radicalmente en cuanto a los métodos para conseguirlo. De hecho, a lo largo del siglo XIX ambos pensamientos se fueron alejando progresivamente, hasta convertirse en irreconciliables antagonistas.

El anarquismo estuvo muy influido por la idea roussoniana de que el individuo es bueno por naturaleza y es la sociedad (o el Estado y sus instituciones) quien destruye su felicidad.

Alcanzó su máxima influencia en el seno de sociedades escasamente industrializadas -España, Italia y Rusia-, en tanto que en países más avanzados tuvo mayor peso el marxismo. En España el anarcosindicalismo se materializó en la creación de organizaciones como la CNT (Confederación General del Trabajo) que jugaron un importante papel en el primer tercio del siglo XX.

Algunos sectores del anarquismo preconizaron la acción radical y violenta. Ello se concretó en atentados terroristas que reputaron esta corriente de agresiva y salvaje.
La teoría anarquista

Aunque el pensamiento anarquista no es uniforme, sin embargo, sus defensores comparten algunas ideas afines:

El rechazo de cualquier tipo de autoridad -en especial la del Estado- y el repudio a cualquier forma de organización, sea de carácter partidista, administrativa o religiosa. Junto al rechazo a la autoridad alienta la libertad individual.
Para los anarquistas el Estado capitalista es una estructura que posibilita la explotación de la clase obrera y por ello debe ser destruido. Rechaza tanto el juego político como la organización de partidos. El medio fundamental para derrumbar al Estado es la huelga general que sirve para arruinar a la burguesía.
La organización social ha estructurarse de abajo arriba, siempre partiendo de pequeñas comunidades autosuficientes y por libre decisión de sus miembros, expresada a través del sufragio universal, nunca por imposición.

La abolición de la propiedad, ya que ésta es considerada como un robo cuando se consigue sin trabajo. El derecho a la herencia (origen del status social) debe eliminarse y ser sustituido por la colectivización de los bienes.

La importancia de la educación. El hombre solo será libre cuando sea capaz de pensar por sí mismo y para ello será necesaria una esmerada instrucción.
Pensadores anarquistas

Tres figuras destacan en el pensamiento anarquista:

Pierre Joseph Proudhon (1809-1865)
Su influencia se dejó sentir hasta la década de los años 60 del siglo XIX, a partir de la cual alcanzaron más relevancia las ideas de Bakunin y Kropotkin. Aunque muy relacionado con el grupo de los socialistas utópicos, de quien fue contemporáneo, se le considera como el fundador del anarquismo; sus escritos son posteriores a 1848.
Criticó el juego parlamentario, pues sostenía que el sufragio universal es fácilmente manejable por la propaganda de los partidos burgueses.
Frente al Estado y la Ley preconizó la asociación de pequeños productores autónomos reunidos políticamente en una federación de comunas socialmente articuladas en torno al mutualismo y el cooperativismo. Mutualismo

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P. J. Proudhon
Creyó en la vía pacífica y en la ayuda mutua como formas de conseguir la liberación del hombre, siendo ajeno a los anarquistas que alentaron el uso de la violencia.

Bakunin (1814-1876)
Fue el primer teórico anarquista en presentar su ideología de una manera sistemática.
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Mijail Bakunin

Propuso la colectivización (“anarco-colectivismo”) de los medios de producción (capital, tierra, industrias, etc), pero no así de los frutos que se obtienen de ellos. En esto difería de la postura más radical de Kropotkin quien sostenía que dichos frutos también debían ser de propiedad colectiva.
Según Bakunin, el Estado y otras instituciones como la Iglesia y el Ejército han de ser reemplazados por una federación de comunas creadas de forma espontánea. Minimizó el papel de los partidos políticos revolucionarios como instrumento de transformación social e igualmente rechazó el juego político parlamentario.

Kropotkin (1842-1921)
Aristócrata ruso antizarista, estuvo muy influido por las ideas de Bakunin a quien apoyó en la I Internacional frente a Marx. Abogó por una sociedad sin Estado, donde el trabajo intelectual y manual no estuviesen separados y los hombres practicaran el apoyo mutuo, la libertad, la solidaridad y la justicia.

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P. Kropotkin
Kropotkin alentó la acción de los obreros por la vía sindical, no política, siendo representante del denominado “anarcosindicalismo”.
Como medio esencial para cambiar la sociedad propuso la educación, aunque también ponderó la violencia para conseguirlo.

Además de estos conocidos pensadores se distinguó:

G. Sorel (1847-1922)

Sindicalista francés. En su obra “Reflexiones sobre la violencia, 1908, defendió la huelga general y la acción violenta como medios para destruir el estado capitalista. Sus principios inspiraron en buena medida al movimiento fascista de Mussolini y tuvieron cierta influencia sobre Lenin.
La doctrina social de la Iglesia
Tanto el liberalismo como el socialismo abogaban por la secularización de la sociedad, eliminando con ello el protagonismo que la Iglesia había mantenido hasta entonces. La Iglesia condenó estas ideologías, prueba de ello fue la política reaccionaria desarrollada durante el pontificado de Pío IX, quien mostró una gran reticencia ante los cambios que estaban aconteciendo.
El papa León XIII ( 1878-1903). Ampliar imagen
León XIII

Ante el imparable proceso de industrialización, el constante crecimiento de las masas obreras y la conflictividad social, hubo católicos que criticaron la explotación a la que estaba siendo sometido el proletariado. Surgió de ese modo la denominada “doctrina social de la Iglesia”, condensada en una serie de documentos, entre los que cabe destacar la encíclica "Rerum novarum" (“De las cosas nuevas”), promulgada en 1891 por el Papa León XIII.
En ella se preconizaba un orden social basado en la justicia y la caridad, exhortando al Estado a socorrer a las clases más desfavorecidas y alentando el asociacionismo de los trabajadores y fórmulas de asistencia social.

La doctrina social de la Iglesia, no obstante, no constituyó un corpus teórico en sí misma, sino que se expresó mediante una serie de consejos encaminados a ilustrar a los fieles sobre cómo afrontar los retos sociales y económicos del mundo moderno, desde los presupuestos de la fe cristiana.

Negó la existencia de la lucha de clases, tal y como sostenía el marxismo, y propuso en su lugar la armonía, la convivencia y el diálogo entre patronos y obreros, exhortando a los primeros a paliar la miseria de los segundos. De igual modo protegió la propiedad privada combatida por marxistas y anarquistas, considerándola un instrumento al servicio del bien común.
EL MOVIMIENTO OBRERO

La economía capitalista e industrializada, organizada en torno a los principios del liberalismo, recogía dos clases sociales: la trabajadora, desprovista de los medios de producción y forzada a vender su fuerza de trabajo, y la burguesa, dueña de esos medios y tendente a incrementar sus beneficios a costa de las condiciones salariales y laborales de la primera. Cada vez más se extendió la percepción de que el capitalismo consagraba unas injustas desigualdades que había que eliminar.

El movimiento obrero surgió de esas condiciones, pero alcanzó una mayor o menor significación en función del grado de desarrollo industrial de cada país. Los primeros movimientos de masas de carácter moderno tuvieron su origen en Inglaterra. Cristalizaron en episodios de destrucción de máquinas (Ludismo) y en la creación de las Trade Unions, primeras asociaciones de carácter sindical. El que fuese Inglaterra y no otro país donde surgieron esos movimientos se debió a que fue la primera en industrializarse. Más tarde, organizados en torno a la ideología marxista, nacieron partidos de extracción obrera que jugaron un importante papel en el campo de la acción política y social.
El ludismo

El ludismo constituyó un movimiento de destrucción de máquinas cuyo origen se remonta a la acción de su imaginario líder, "Ned Ludd", tejedor que en 1779 supuestamente fue el primero en destruir el telar mecánico que manipulaba. Se desarrolló entre 1800 y 1830, fundamentalmente en Inglaterra y su acción estuvo jalonada por una oleada de amenazas, tumultos y desórdenes que amedrentaron a los patronos y llevó a a la intervención del gobierno.

La causa principal que lo provocó fue la precaria situación laboral y social creada a raíz de la introducción de modernas máquinas en la producción de textiles, hecho que acarreó la ruina de los telares tradicionales, impotentes a la hora de competir con las fábricas de reciente creación. Los viejos artesanos se arruinaron y fueron presa del desempleo.

La agitación que aquejó la industria textil se extendió también a los campos donde el supuesto cabecilla "Capitan Swing" y sus seguidores dirigieron su ira contra las trilladoras que iban incorporándose a las labores agrícolas.

Las acciones contra las máquinas constituyeron un precedente de otras más organizadas dirigidas, no contra las máquinas sino contra sus propietarios. El ludismo participó de algunos rasgos característicos de los motines del Antiguo Régimen, frecuentes en períodos de crisis de subsistencias. Coincidió con ellos en la espontaneidad y en la ausencia de una ideología política definida que los vertebrara. Pero por otro lado presentó modernas peculiaridades propias de los movimientos obreros de la segunda mitad del siglo XIX. Texto. Episodio de rotura de máquinas, recogido en el Annual Register, 26 de abril de 1812

El movimiento alcanzó su cénit con los altercados ocurridos en Inglaterra durante los años 1811 y 1812, reprimidos con suma dureza por el gobierno, a raíz de los cuales fueron detenidos y jugados numerosos revoltosos, de los que una treintena fue condenada a la horca.

Otros países padecieron similares desórdenes: Francia (entre 1817 y 1823), Bélgica, Alemania o España (Alcoy, 1821).
El cartismo

Al igual que el ludismo el cartismo constituyó un movimiento propio de la primera etapa del movimiento obrero. Pero, a diferencia de aquel, fue de índole esencialmente política. Recibió el nombre de la denominada “Carta del Pueblo” documento enviado al Parlamento Británico en 1838, en el que se reivindicaba el sufragio universal masculino y la participación de los obreros en dicha institución. Los defensores del cartismo pensaban que una vez que los trabajadores alcanzasen el poder, las leyes podrían adaptarse para la defensa de sus intereses. La duración de este movimiento abarcó una década, entre 1838 y 1848.

El cartismo supuso la toma de contacto de las masas obreras con la acción política. Hasta entonces aquellas habían concentrado su empeño en la conquista de mejoras de carácter laboral.
En la “Carta” demandaban el sufragio universal, la supresión del certificado de propiedad como requisito para formar parte del Parlamento, la inmunidad parlamentaria, un sueldo para los diputados, etc; estas peticiones poseían un marcado carácter político y eran necesarias -según sus defensores- para conseguir una profunda transformación social.

El movimiento fracasó, entre otras causas, por las disensiones internas entre los sectores que lo componían, el moderado y el radical. La tendencia moderada la representaban Lovett y Owen, inclinados a demandar reformas de tipo económico y laboral; la más radical la lideraron el irlandés O’Connor y O’Brien, ambos partidarios de acciones contundentes que incluían el empleo de la huelga general.
La represión del gobierno británico que militarizó las zonas en donde la agitación se hizo más activa, abortó el movimiento. Éste quedó escindido de forma irreversible hasta su desaparición.

El fracaso de la revolución de 1848 dio el golpe definitivo a las aspiraciones cartistas. En adelante la lucha de carácter político fue abandonada por los obreros ingleses que moderaron en gran medida sus posiciones reivindicativas y se concentraron en la lucha de carácter sindical, en tanto que la acción política se circunscribió al continente, de manera más significativa a Francia.

El cartismo si bien se malogró, constituyó una importante experiencia para la clase obrera en el intento por mejorar sus condiciones de vida; su acción forzó al gobierno británico a la promulgación de algunas leyes de avanzado sentido social, destacando la “Ley de las diez horas”.
La revolución de 1848

La oleada revolucionaria que se extendió durante 1848 por gran parte de Europa, además de su significado político tuvo un marcado carácter social. Francia, Austria, Alemania, Suiza, al igual que otros estados, constituyeron escenarios en los que la clase trabajadora intervino en forma de protestas y motines junto a la pequeña burguesía liberal, frente a los intereses de la alta burguesía que acaparaba los resortes del poder.

Sus demandas se centraron en una ampliación de los derechos y libertades conquistados durante la Convención Nacional francesa de 1793: sufragio universal masculino, democracia, asistencia social a los desfavorecidos, derecho al trabajo, libre sindicación, etc.

La experiencia de 1848 fue especialmente relevante en Francia, donde la presión social forzó la caída de la monarquía de Luis Felipe, el llamado “rey burgués” y forzó la proclamación de la Segunda República.

El socialista Louis Blanc, ministro de Trabajo durante el gobierno provisional republicano, creó los “Talleres Nacionales” y fijó la jornada máxima de trabajo en 10 horas, intentando absorber el enorme paro que asolaba el país. El cierre de los Talleres Nacionales acaecido tan solo unos meses más tarde de su apertura fue también el fracaso de quienes pretendían dar contenido social a unas reivindicaciones que habían ido más allá de lo meramente político.
La proclamación de Luis Napoleón como presidente de la República y la posterior abolición de ésta mediante un autogolpe de estado, tres años más tarde, fue la expresión del naufragio del empeño de los trabajadores en poner fin a las desigualdades de distribución de riqueza y mejorar las pésimas condiciones laborales y sociales.

La enseñanza que el movimiento obrero extrajo de la fallida experiencia revolucionaria, fue que en adelante sólo debía confiar en sus propias fuerzas y apartarse de alianzas con sectores de la burguesía. Se organizó en sindicatos y pasó a la acción política de la mano del marxismo y el anarquismo.
Venezuela revolucionaria: un asunto urgente para estos tiempos
La ideología socialista como movilización


Martín Guédez
05 de mayo de 2006



Cada día se hace más evidente la necesidad de tener una base revolucionaria bien formada e ideológicamente sólida. Un poco, a la manera de casi todo cuanto ocurre en nuestra revolución, los esfuerzos tienen tanto de original como de inconexos. No en vano partimos de la creatividad como fórmula. No obstante algo habría de profundizarse en el concepto para que éste adquiera organicidad fecunda. Para Marx, la ideología era: 'El sistema de ideas y representaciones que domina el espíritu del hombre o un grupo social'.

Luego, Louis Althusser, representa la ideología en la forma de instituciones del Estado que actúan sobre lo escolar, familiar, religioso, jurídico, político, social, información, cultural, etc., en donde la ideología es determinante. Espacios donde la ideología tiene como función 'transformar individuos concretos en sujetos'. El estructuralismo de Althusser no supera el carácter reduccionista y economicista de clase. 'Todo sujeto es un sujeto de clase; cada clase posee su ideología paradigmática; todo elemento ideológico tiene una necesaria pertenencia de clase'. Esto es cierto pero esconde una trampa reduccionista.

Será Gramsci quien primero supera el carácter reduccionista de la ideología. Niega que cada clase social posea una ideología paradigmática y considera, en cambio, que el carácter de clase de la ideología le es proporcionado por el tipo de articulación a que cada elemento es sometido. De resultas que, es posible transformar el carácter de clase de los distintos elementos ideológicos. Es una batalla por la apropiación de los elementos ideológicos fundamentales de cada sociedad para articularlos al respectivo discurso. Rompe, por decirlo así, con el carácter rígido según el cual, cada clase es indefectiblemente prisionera de su discurso ideológico irremediablemente prefijado y, por el contrario, es posible desarticularlo, transformarlo y fecundarlo. En otras palabras, la ideología burguesa puede y debe ser desarticulada más que arrasada. Eso es mucho más importante en estos tiempos y en la circunstancia tan sui generis de la revolución bolivariana.

También explicaría la presencia en la historia de enigmas desconcertantes cuando representantes naturales de una ideología de clase son ganados y transformados a través de su articulación al discurso de la ideología clasista opuesta. Vale decir que la ideología revolucionaria debe convertirse en estructuras con alto desarrollo de los sistemas de signos comenzando por el lenguaje. Debe convertirse en una fuerza real capaz de invadir la sociedad en la que se forma hasta hacerse un modo de ver las cosas cotidianas, desde las relaciones sociales hasta las expresiones culturales más comunes.

Se hace desde luego imprescindible desmontar la ideología burguesa dominante desde la ideología revolucionaria. Una estructura ideológica que les ha permitido el mantenimiento del poder político y económico por siglos. Thernborn en su obra 'La ideología del poder y el poder a la ideología' señala las variadas formas en que la ideología dominante alcanza el objetivo de preservar el poder para la clase dominante. A cada momento vemos, dolorosamente, como las mejores propuestas de la revolución bolivariana, sorpresiva y desconcertantemente, terminan estrellándose contra el aparato ideológico burgués. Eso que coloquialmente llamamos la 'herencia cuartorrepublicana' y que, como una hidra de mil cabezas, aparece por todos lados en las formas de egoísmo, avaricia, corrupción, burocratismo, etc., etc.

Podemos identificar algunas de las cabezas de la hidra. A) La adaptación. Esa suerte de fatum que hace ver como normal obedecer a los dominadores por los riesgos que supone la posibilidad de un régimen alternativo. Se habitúa la persona al hecho y lo acepta como normal. Es normal que un funcionario público cobre una comisión por un favor; es normal que a un fiscal de tránsito le 'quede alguito para dejarte ir'; es normal que el banco cobre por servicios que no debería; es normal, es normal, es normal... B) La inevitabilidad. Referida en este caso a la obediencia natural a cuanto se presenta como lo normal porque se desconoce otra alternativa. Esta palanca del sistema económico dominantes está basada en la exclusión del sistema político, al punto de que la injusticia es vista como algo inevitable. Digamos que la más generalizada de esta forma es aquella que señala 'Siempre habrá pobres'. Esta visión va acompañada de la opinión cínicamente crítica de los dominadores, por ejemplo, la Iglesia que siembra sumisión y resignación es una estructura ideológica al servicio de la clase dominante eficacísima por siglos para este fin. C) La representatividad. Ese factor que hace creer que el representante lo es a favor de los representados. Un mecanismo perverso que lleva a confundir los valores de dominadores y dominados. Normalmente este factor se infunde a través de la educación. D) Destino. Mecanismos por los cuales los dominadores poseen cualidades que los hacen merecedores del dominio que ejercen. De nuevo aquí la educación, mediante el perverso sistema de exclusión de los pobres actúa para reforzar este concepto, pues los privilegiados siempre sabrán más y alcanzarán puestos de dominio, en tanto los pobres siempre estarán en posiciones de sumisión.

Estas características de la dominación ideológica permiten cierta estabilidad social y hasta consenso. No es poco socorrido el argumento que ofrecen las clases dominantes de una Venezuela donde todos los venezolanos vivíamos en paz y nos queríamos todos. De hecho es quizás el argumento más oído para enfrentarlos al clima de efervescencia social que hoy vivimos. Nada más falso, pero que mediante el aparato ideológico dominante logra confundir a muchos sectores, incluidos los populares.

Es claro entonces que debemos desmontar el aparato ideológico dominante e irlo sustituyendo en forma creativa por un sistema ideológico que, al modo de lo propuesto por Gramsci, sin reduccionismos, seamos capaces de ir preñando el sistema ideológico con los valores de la ideología socialista. Para ello deberíamos trazar un plan de movilización ideológica que permita ir estableciendo una actividad común para una masa cada vez mayor de nuestra gente. Todo a partir de una simple jerarquización de tareas: Identificación de la crisis, identificación del objeto decisivo y por último la definición de lo que es posible lograr y como lograrlo.

Una movilización ideológica que no parta exclusivamente de las ruinas de la ideología previamente dominante sino que, como hemos señalado, vaya preñando con la siembra, más práctica que teórica, la semilla ideológica a partir de sus valores existenciales.

Una movilización ideológica que vaya, al tiempo que descomponiendo el sistema de dominación caduco, edificando el nuevo mediante la siembra del sistema de valores profundamente nuevos. Una movilización impregnada del ejemplo. Una movilización que movilice hacia el futuro, contrapuesto al presente. Sin miedo y sin descanso.
IDEOLOGíA:
DEL SOCIALISMO CIENTIFICO DE MARX Y ENGELS AL REALISMO POLITICO ACTUAL
Autor : Ulises Casas Jerez
Crítica Política Numero 150 - Enero de 2007

Es necesario, como lo venimos debatiendo, hacer una evaluación de las experiencias históricas que se han dado en el transcurso del tiempo entre la publicación del Manifiesto Comunista de Marx y Engels en 1848 y el presente, a fin de determinar la causa por la cual lo consignado en ese documento histórico no se ha podido realizar, concretamente, en lo que se refiere a la dominación política por parte del “proletariado”. Dice el Manifiesto: “Como ya hemos visto más arriba, el primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia.

“El proletariado se valdrá de la dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas…” Al final del mismo se plantea: “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos solo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clase dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!”.

Es fundamental entender el momento histórico en el cual el Manifiesto fue escrito: el año 1848 fue parte de una época de revoluciones en toda Europa en las cuales ya los obreros se enfrentaban a los capitalistas sin embargo de lo cual su fuerza política era apenas incipiente y por ello fueron derrotados. Es en 1871 que en Francia, con ocasión de desbarajustes económicos y político y ante una guerra con Prusia, los obreros acceden al poder instaurando lo que se denominó la “Comuna de París”. Pero también aquí los obreros fueron derrotados después de dos meses de intensos combates políticos y armados.

En carta de Marx a Ludwig Kugelmann considera como elementos causales de la derrota: “…si son vencidos, la culpa será, exclusivamente, de su “buen corazón”. De debía haber emprendido sin demora la ofensiva contra Versalles, en cuanto Vinoy, y tras él la parte reaccinaria de la Guardia Nacional, huyeron de París. Por escrúpulos de conciencia se dejó escapar la ocasión. No querían iniciar la guerra civil, ¡como si el mischievous avorton de Thiers no la hubiese comenzado ya cuando intentó desarmar París!. El segundo error consiste en que el Comité Central renunció demasiado pronto a sus poderes, para ceder su puesto a la Comuna. De nuevo ese escrupuloso “pundonor” llevado al colmo. De cualquier manera, la insurrección de París, incluso en el caso de ser aplastada por los lobos, los cerdos y los viles perros de la vieja sociedad, constituye la proeza más heroica de nuestro partido desde la época de la insurrección de junio….” (C. Marx. F. Engels- obras escogidas Editorial Progreso Tomo II Moscú 1981 Pág. 444).

En la introducción para la tercera edición alemana de “La Guerra Civil en Francia”, publicada en 1891, Engels comenta las causas de la derrota de la Comuna en la siguiente forma: “…Los miembros de la Comuna estaban divididos en una mayoría integrada por blanquistas, que habían predominado también en el Comité Central de la Guardia Nacional, y una minoría compuesta por afiliados a la Asociación Internacional de los Trabajadores, entre los que prevalecían los adeptos de la escuela socialista de Proudhon. En aquel tiempo, la gran mayoría de los blanquistas sólo eran socialistas por instinto revolucionario y proletario; sólo unos pocos habían alcanzado una mayor claridad de principios, gracias a Vaillant, que conocía el socialismo científico alemán. Así se explica que la Comuna dejase de hacer, en el terreno económico, muchas cosas que, desde nuestro punto de vista actual, debió realizar. Lo más difícil de comprender es indudablemente el santo temor con que aquellos hombres se detuvieron respetuosamente en los umbrales del Banco de Francia. Fue éste además un error político muy grave. El Banco de Francia en manos de la Comuna hubiera valido más que diez mil rehenes. Hubiera significado la presión de toda la burguesía francesa sobre el Gobierno de Versalles para que negociase la paz con la Comuna. Pero aún es más asombroso el acierto de muchas de las cosas que se hicieron, a pesar de estar compuesta la Comuna de proudhonianos y blanquistas. Por supuesto, cabe a los proudhonianos la principal responsabilidad por los decretos económicos de la Comuna, lo mismo en lo que atañe a sus méritos como a sus defectos; a los blanquistas les incumbe la responsabilidad principal por los actos y las omisiones políticas. Y, ambos casos, la ironía de la historia quiso - como acontece generalmente cuando el poder cae en manos de doctrinarios - que tanto unos como otros hiciesen lo contrario de lo que la doctrina de su escuela respectiva prescribía.

“Proudhon, el socialista de los pequeños campesinos y maestros artesanos, odiaba positivamente la asociación. Decía de ella que tenía más de malo que de bueno; que era por naturaleza estéril y aun perniciosa, como grillete puesto a la libertad del obrero; que era un puro dogma, improductivo y gravoso, contrario por igual a la libertad del obrero y al ahorro de trabajo; que sus inconvenientes crecían más de prisa que sus ventajas; que, por el contrario, la libre concurrencia, la división del trabajo y la propiedad privada eran otras tantas fuerzas económicas. Sólo en los casos excepcionales - así calificaba Proudhon la gran industria y las grandes empresas como, por ejemplo, los ferrocarriles - estaba indicada la asociación de los obreros” ( Federico Engels, Londres, en el vigésimo aniversario de la Comuna de París, 18 de marzo de 1891- C. Marx. F. Engels- obras escogidas Editorial Progreso Tomo II Moscú 1981 Pág. 197).

Pero el mismo Engels, unos años después, Marzo 6 de 1895, en introducción a “Las Luchas de clases en Francia”, de Marx, analiza el momento histórico de esas luchas y consigna el avance que los partidos socialdemócratas han logrado en varios países europeos gracias a la utilización, por parte de los obreros, del sufragio universal: “…Gracias a esta eficaz utilización del sufragio universal, un novísimo modo de lucha del proletariado era puesto en acción y se desarrolló rápidamente. Se comprobó que las instituciones de Estado - donde se organiza la denominación (sic) de la burguesía -, dan todavía nuevas oportunidades para que la clase obrera pueda combatir en esas mismas instituciones de Estado. Se participó en elecciones de las diferentes Dietas, concejos municipales, consejos notables; se le disputó a la burguesía cada uno de los puestos en los cuales una parte suficiente del proletariado tuviera algo que decir. Y así fue que la burguesía y el gobierno llegaron a temer más a la acción legal que a la acción ilegal del partido obrero, a sus éxitos electorales más que a los de la rebelión.

“Pues también para la rebelión se había transformado seriamente las condiciones de lucha. La rebelión a la manera antigua, el combate de calles con barricadas que hasta 1848 decidía en última instancia, estaba considerablemente anticuado…”

Y termina Engels con esta frase que puede, hoy, estar vigente aquello que quiso decir: “…La ironía de la historia pone todo al revés. Nosotros, los “revolucionarios”, los “saqueadores”, prosperamos mejor mediante los medios legales que con los ilegales y el desorden. Los partidos del orden - como ellos se llaman-, perecen en el orden legal que ellos mismos han creado. Con Odilón Barrot gritan desesperados: la legalidad nos mata, en tanto que nosotros con esta legalidad nos hacemos músculos firmes y mejillas rosadas y respiramos la eterna juventud. Y si no somos lo bastante insensatos para dejarnos empujar al combate de calles, para complacerlos, no les quedará finalmente otra cosa que romper ellos mismos esa legalidad que les resultó tan fatal…” ( Las Luchas de Clases en Francia- Carlos Marx - Editorial Claridad- Buenos Aires- Biblioteca de cultura socialista Volumen 6- Segunda edición, julio de 1968).

Lo que llama la atención tanto en el análisis que hace Marx, como el de Engels, es que tanto el fracaso como el avance de las luchas sociales a las que se refieren, se las atribuyan a factores subjetivos; en efecto, son los personajes, los líderes los que causan la derrota en el caso de la Comuna de París, como el voto de los obreros lo que determina su presencia y representación en instituciones del Estado en pugna electoral con la burguesía.

Lo que algunos dirigentes políticos han hecho es comentar para elogiar o para criticar los planteamientos de los dos fundadores del socialismo científico; en ambos casos se considera a los mismos como una especie de sabios o dioses imposible de equivocarse o de llevar a cabo análisis erróneos o subjetivistas. Aunque estos dos grandes pensadores hubiesen reiterado su antidogmatismo, sus seguidores y apologistas los han convertido en una especie de pontífices del socialismo y el comunismo que “ex cátedra” no se equivocan.

Nada más subjetivista que el análisis antes trascrito. Pero es explicable dentro del contexto de la lucha de clases que en esos momentos históricos se desarrollaban allí en donde ellos se encontraban y al frente de las cuales ellos se situaban como orientadores teóricos y prácticos. El movimiento obrera era, cuantitativamente, poderoso; inmensas masas de obreros se movilizaban contra la explotación capitalista que, en ese momento, era más intensa que ahora cuando la máquina suaviza el trabajo de los obreros pero, al mismo tiempo, los expulsa de la producción al reemplazarlos.

En lo que los dos genios del socialismo no profundizaron fue en la ideología del obrero común y que es general en todos ellos: el obrero busca mejorar sus condiciones de vida materiales en forma individual, no en forma colectiva. Lo colectivo, para el obrero, es un medio de alcanzar el mejoramiento individual y de su familia que es lo mismo porque la familia no es otra cosa que la prolongación del individuo. El obrero se asocia a su sindicato porque por medio de él obtiene mejores salarios, acceso a la vivienda, a la educación, etc. Pero el obrero o el sindicato nunca proponen una economía diferente a aquella en la cual viven y de la cual viven. De hecho, las cooperativas, que son una forma de economía solidaria, las componen personas de los sectores medios de la población, generalmente medianos y pequeños propietarios y muchos vinculados a oficios artesanales. Marx y Engels y otros dirigentes socialistas idealizaron al obrero, lo consideraron “bueno” por naturaleza: nada más erróneo. El obrero es otro ser humano, similar al capitalista o al no capitalista, con sus defectos y sus cualidades: ni más ni menos.

Los obreros, como la gran mayoría de la población, esperan obtener beneficios materiales por parte del Estado; como el Estado capitalista no les da lo que desean, siempre, cualquiera que se el gobierno de turno, se manifiestan en protestas masivas contra éste; la celebración del Primero de Mayo es, desde que se oficializó como día del Trabajo, una manifestación antigubernamental en todos los países del mundo y se ha convertido en una parafernalia de carácter folclórico en la mayoría de los casos.

La experiencia demostró, con creces, lo anterior: las dirigencias políticas que, a nombre de los obreros, del proletariado, accedieron al poder y asumieron la dirección del Estado, convirtieron a éste en un espacio burocrático que fue degenerando poco a poco hasta colapsar definitivamente; la riqueza del acumulado social fue asaltada por los más audaces y las mafias se convirtieron en gobernantes, cosa que no sucedió, de la misma forma, en los países capitalistas tradicionales. Si hoy los millonarios de Rusia invitan a los más connotados artistas de Occidente para que alegren sus fiestas a cambio de millones de dólares, éstos los adquirieron saqueando al Estado, el mismo Estado que habían tenido en manos los miembros sus partidos comunistas; porque esos millonarios salieron de esos partidos, sus organizaciones juveniles y demás organismos políticos.

Pensar en que quienes hoy siguen agitando banderas políticas de corte “socialista” o “comunista” no van a repetir la experiencia, es iluso e ingenuo. Puede que si llegaran al poder no la repetirían exactamente igual porque no hay fenómeno alguno igual en el universo: lo harían en mejores condiciones, pero para ellos porque el acumulado material social de la Humanidad y de los pueblos es, ahora, mayor al que existía cuando sus antecesores llegaron al poder.

El real análisis que se ha de hacer de lo sucedido debe estar situado en la estructura material de la sociedad dentro de la cual esos dirigentes actuaban en su momento histórico. En el caso de las luchas obreras de 1848 y de 1871, el capitalismo era aún incipiente y la burguesía ejercía un poder fuerte, represivo; en el caso del acceso de los bolcheviques en Rusia en 1917, la burguesía rusa era débil y la estructura económica estaba en manos del capital inglés, alemán y francés principalmente; el zar era incapaz de enfrentar las circunstancias de una guerra con el exterior y una agitación en su interior. Tampoco lo pudo hacer el débil partido de Kerensky; Lenin, al frente de la fracción bolchevique, asalta el poder, incluso en contra de su comité de dirección; pero el golpe no corresponde a una insurrección obrera porque, a diferencia de la Comuna, los obreros de Rusia eran poco numerosos y su concentración se encontraba en los ferrocarriles, no en la industria. Los comunistas que llegaron al poder en la Europa Oriental lo hicieron de la mano del ejército soviético que los limpiaba de la invasión nazi.

Lo real es que ni los obreros, como clase, ni su supuesta representación ideológica y política ha podido trascender el modo de producción capitalista; hay y ha habido obreros que, individualmente, han llegado al poder del Estado. Ellos tampoco han podido trascender el modo de producción capitalista. La causa, para nosotros, no es otra cosa que la ideología que ellos poseen, la ideología individualista de propietario individual que genera, necesariamente, el capitalismo, modo de producción de propiedad privada individual sobre los medios de producción y distribución. En las naciones más poderosas económicamente, puede haber una estructura que posibilitaría la colectivización de la misma; sin embargo, la ideología dominante individualista del conjunto social lo imposibilita por ahora.

Lo que algunos pretenden revivir, el proteccionismo de Estado o el Capitalismo de Estado, es otro paso que no llevará a la socialización de la estructura económica; mientras no sea la misma comunidad la encargada de asumir, colectivamente, la propiedad de la estructura, la posibilidad de la trascendencia al socialismo estará lejos; esto no quiere decir que no ha de llegar. Llegará pero de la mano de una ideología que surgirá de la práctica práctica, la cual va generando una práctica teórica que la legitimará y reforzará.

Si de los gremios artesanales surgidos en el feudalismo surge el comerciante y el fabricante, convertidos en próspero capitalistas, de las formas colectivas de producción surgirá el modo de producción socialista. Lo demás será siempre una experimentación utópica, idealista, nunca materialista ni dialéctica.
La CIA y la cocaína; Verdades y desinformación
�Qui&eacuten tiene los aviones?
Obrero Revolucionario #883, 24 de noviember 1996

El 15 de noviembre, John Deutch, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), fue a una reunión comunitaria en Watts. ��El director de la CIA en el ghetto?! �Carajo, el gobierno está en apuros!

Durante 10 años, el gobierno y la prensa taparon el narcotráfico de la CIA. Los medios se callaron incluso cuando el Informe Kerry del Senado publicó pruebas muy convincentes. Cerraron los ojos ante la serie que publicó el periodista Gary Webb en el San Jose Mercury, que mencionó los nombres de agentes de la contra nicaragüense que distribuían cocaína en Los Angeles para financiar la guerra encubierta de la CIA en Centroamérica.

Los principales periódicos del país (Washington Post, Los Angeles Times y New York Times) se pusieron a desacreditar el reportaje de Webb. Pero les salió el tiro por la culata. El 15 de noviembre, el programa Nightline tuvo que admitir que todo eso ha atizado más las sospechas populares de que están tapando crímenes.

�El secreto se destapó! �Millones ya lo saben! Y ahora, la CIA anda viendo a ver cómo tapar sus crímenes y salvar la cara. Deutch fue a Los Angeles para prometer que el Inspector General de la CIA "investigará a fondo los hechos". Tuvo que oír a los habitantes de ghetto negro y latino denunciar cómo el sistema ha arruinado tantas vidas: acabando trabajos, metiendo chavos en la cárcel, llevando droga a su comunidad por medio de la CIA.

La primera señora habló sobre el "experimento de Tuskegee", en el cual privaron de medicina a hombres negros que habían contraído sífilis y estudiaron su muerte. "�Qué diferencia hay con esto?", le preguntó a Deutch, refiriéndose al papel de la CIA en la distribución de cocaína en los barrios negros. Un hombre dijo que es un insulto a la inteligencia de los negros decirles que la "CIA no vende drogas", ya que todo mundo sabe que está metida en el tráfico de heroína desde Asia. Un ex agente de narcóticos del DPLA dijo que las autoridades suprimieron documentos sobre el narcotráfico de la CIA. Joey Johnson, revolucionario y activista contra la brutalidad policial, condenó la muerte de miles de nicaragüenses por la contra mientras simultáneamente distribuía drogas en los barrios pobres de Los Angeles. Demandó: "�Cuándo van a abrir las puertas de las cárceles?", refiriéndose a los miles de jóvenes presos por las leyes racistas de crack.

�La CIA se investigará a sí misma? �Nadie se lo traga!

Este escándalo le da una patada a la legitimidad del gobierno: desenmascara la crasa hipocresía, racismo y crueldad de este sistema. Han estado encarcelando a miles de chavos por participar en la economía ilegal. �Y resulta que el mismo gobierno, posiblemente en los más altos niveles, ha estado metido hasta las cachas en la importación y la venta de ese veneno!

La CIA, su director John Deutch, su Inspector General Frederick P. Hitz y gran parte de los medios ya dicen que no existen pruebas de que la CIA aprobó el tráfico de cocaína o de que participó en él.

Puras mentiras: existen abundantes pruebas de que la CIA fue un organizador clave del tráfico de armas y cocaína que financió la mayor parte de la guerra sucia de Estados Unidos contra Nicaragua.

En este artículo, presentaremos pruebas que se divulgaron antes de la serie de Webb sobre la red de aviones y pistas de aterrizaje que utilizaron para transportar la cocaína a Estados Unidos durante los 80.
�Quién tiene los aviones?

Hace 30 años, Malcolm X dijo algo muy penetrante: los oprimidos no tienen aviones ni barcos. La prensa y el gobierno culpan a los oprimidos por la droga, pero el narcotráfico internacional requiere flotas de aviones de carga, pistas de aterrizaje en varios países, redes de contactos internacionales, grandes cantidades de dinero para inversión, redes para lavar el dinero, y contactos de alto nivel para sacarle el cuerpo a la Aduana y la DEA.

En 1989, el piloto Mike Tolliver le dijo al canal CBS que, después de años de contrabandear droga, un tal "Señor Hernández" lo reclutó para la operación de aprovisionamiento de la contra. Tolliver cree que ese "Hernández" en realidad era Félix Rodríguez, el agente de la CIA que dirigía la operación desde la base aérea Ilopango de la Fuerza Aérea salvadoreña. Dijo que "Hernández" lo contrató y que en marzo de 1986 pilotó un DC-6 lleno de armas y municiones de la compañía Butler Aviation del aeropuerto de Miami a la base aérea de la contra (controlada por el Pentágono) en Aguacate, Honduras. Allí, soldados de la contra descargaron las armas y "Hernández" le pagó $70.000. A los tres días, Tolliver pilotó el mismo avión, con una carga de 25.000 libras de droga, y aterrizó como "vuelo militar extraoficial" en la base aérea Homestead de la Fuerza Aérea, cerca de Miami.

"Aterrizamos a la 1:30 o las 2 de la mañana", dijo Tolliver. "Un pequeño camión azul se nos acercó. Tenía un pequeño letrero blanco que decía `Sígame' con foquitos. Lo seguimos". "Me preocupó un poco", Tolliver le dijo al programa West 57th de CBS. "Pensaba que eran de la DEA y que iban a arrestarnos". Pero no era así. Tolliver dijo que dejó el avión y la droga en la pista de aterrizaje y se fue de la base en taxi. (1)

West 57th rastreó la pista del DC-6 a una compañía llamada Vortex. Vortex era una de cuatro aerolíneas contratadas por el Departamento de Estado para llevar armas y pertrechos a la contra, con dinero destinado por el Congreso para "ayuda humanitaria".

En abril de 1987, un funcionario de la Aduana le dijo al Boston Globe: "Creemos que sí aterrizó en Homestead". Admitió que existía un sistema para que los vuelos destinados a la contra despegaran y aterrizaran sin que la Aduana los inspeccionara. Pero el mismo funcionario dijo que Tolliver trabajaba "por su cuenta" y aterrizó en Homestead "por puro engaño". Un investigador escribió: "Nunca explicaron con qué engaños Tolliver logró aterrizar en una base de la Fuerza Aérea, ni con qué engaños las 25.000 libras de marihuana salieron de la base". (2)

La historia que contó Tolliver se repitió una y otra vez en 1987 y 1988 ante las audiencias del subcomité del Senado que dirigía el senador John Kerry: el Subcomité de Relaciones Exteriores sobre Terrorismo, Narcóticos y Operaciones Internacionales. En la primavera de 1989, ese subcomité publicó un informe que documenta que el gobierno reclutó importantes narcotraficantes, utilizaba sus aviones para "aprovisionar a la contra", y que esos aviones iban a Centroamérica con armas y regresaban con drogas.

Southern Air Transport, una aerolínea de carga de Miami, era propiedad de la CIA. En 1972, esta se la "vendió" a su presidente. Según un informe de 1976 del Congreso, la venta de tales compañías "concesionarias" se hace con "un acuerdo de que la compañía siga prestando servicios a la CIA". (1) El Washington Post del 20 de enero de 1987 informó: "Según varias fuentes informadas, un testigo le dijo al Buró Federal de Investigaciones en el verano de 1986 que vio un avión de Southern Air Transport en un traspaso de armas y droga en una pista de aterrizaje de Barranquilla, Colombia, en 1983". La testigo, esposa de un narcotraficante de peso, le dijo al subcomité que "vio aviones de Southern Air Transport aterrizar en Barranquilla, Colombia, descargar armas y cargar cocaína". Los diarios de vuelo de Wallace B. Sawyer, piloto de Southern Air Transport radicado en Ilopango, confirman que fue a Barranquilla dos veces en octubre de 1985. (3)

En 1984 el Congreso le prohibió a la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA armar en secreto a la contra. Por eso, se redobló el reclutamiento de narcotraficantes para hacerlo. El Congreso solo le permitió a la Casa Blanca enviar "ayuda humanitaria" a la contra. Según el informe del subcomité Kerry, el Departamento de Estado transfirió más de $800.000 de "ayuda humanitaria" a cuatro compañías de Miami vinculadas a grandes redes de narcotráfico:

� $317.425.17 a Vortex, una aerolínea de carga cuyo vicepresidente ejecutivo figuraba en tres investigaciones del FBI por narcotráfico cuando el Departamento de Estado le dio el dinero. Según el Guardian del 20 de marzo de 1988, Michael Palmer, el dueño de Vortex, dijo que la compañía trajo $40 millones de droga a Estados Unidos entre 1977 y 1985.

� $261.930 a Frigoríficos de Puntarenas, una operación de narcotráfico y lavado de dinero disfrazada de flota de barcas pesqueras de camarones en el golfo de México. Una parte de esta operación, una compañía llamada Ocean Hunter, enviaba $200.000 al mes en efectivo a la contra. (1)

� $185.924.25 a SETCO, otra aerolínea de carga, cuyo dueño era el multimillonario Juan Ramón Matta Ballesteros, el mayor traficante de cocaína de Honduras. Según informó Newsweek (5 de mayo de 1985), Matta traía hasta un tercio de la cocaína que llegaba a Estados Unidos.

� $41.120.90 a DIACSA, que según memoriales del FBI era un centro de tráfico de cocaína y lavado de dinero. Los dos dueños de DIACSA participaron en el fiasco de Playa Girón, la invasión de Cuba financiada y dirigida por la CIA. En 1988, en el juicio del general Manuel Noriega de Panamá, se supo que DIACSA transportaba drogas para apoyar a la contra. (4)

En pocas palabras, desde que comenzó la guerra de la contra en 1981 y especialmente después de 1984, el gobierno estadounidense formó una flota de aviones de los principales narcotraficantes. Esa red llevaba armas al ejército de la CIA en Centroamérica y regresaba con drogas.
El reclutamiento de los narcos

A comienzos del verano de 1984, dos representantes de la contra (Octaviano César y Adolfo "Popo" Chamorro) se reunieron con George Morales (un narco colombiano de peso acusado de narcotráfico en Estados Unidos), en la casa de un rico exilado nicaragüense en Miami.

El San Francisco Chronicle informó: "Chamorro y César dijeron que le preguntaron a un agente de la CIA si podían aceptar la oferta de aviones y dinero del narcotraficante Morales. `Llamé a nuestro contacto en la CIA', dijo hace poco Chamorro. `La verdad es que la CIA todavía nos daba dinero en secreto. Me dijo que él (Morales) era de confianza'". El periodista Leslie Cockburn confirmó con ocho fuentes (entre las cuales hay altos funcionarios del gobierno) los contactos de César y la CIA. (4)

Morales organizó muchos vuelos de armas por drogas entre Centroamérica y Estados Unidos, y más tarde habló de esas actividades ante el subcomité Kerry. (5) Le dijo al Instituto Christic que contribuyó aproximadamente $5 millones de ganancias de narcotráfico a la contra en 1984 y 1985. El pago era parte de un acuerdo con tres dirigentes de la contra pactado un par de meses después de ser acusado de narcotráfico. El pacto era que ellos "resolverían" sus problemas legales a cambio de apoyo financiero y logístico. Ante el subcomité, Morales dijo que sus pilotos llevaban armas a bases de la contra y regresaban a Estados Unidos con drogas. Durante un juicio en un tribunal federal en abril de 1990, el piloto colombiano Ernesto Carrasco dijo que vio a Morales darle más de $1 millón de ganancias del narcotráfico a Adolfo "Popo" Chamorro en un restaurante en la Florida en 1985. (6)

Morales dijo que la CIA construyó una pista de aterrizaje en Costa Rica, en el rancho de John Hull (un ciudadano estadounidense), y que sus pilotos llevaron 20 cargamentos de armas a Costa Rica en 1984 y 1985 y regresaron con miles de kilos de cocaína. (7) Esto lo confirmó Gary Betzner, un piloto de Morales, quien dio testimonio de que voló cocaína de Costa Rica a Lakeland, Florida: (7) (1) "Pasé de contrabando cantidades de sustancias ilegales", dijo. "Pero a cambio también pasé de contrabando cantidades de armas, a sabiendas de la DEA y la CIA y con su ayuda" (Newsweek, 26 de enero de 1986).

El subcomité Kerry describió a John Hull como "un enlace entre la contra y el gobierno estadounidense" que estuvo presente por lo menos dos veces cuando cargaron la cocaína en los aviones.

En mayo de 1990, el narco colombiano Carlos Lehder le dijo a ABC News que Hull "enviaba unas 30 toneladas de cocaína a Estados Unidos cada año". (6)

Morales describió ante el subcomité Kerry la protección que recibió mientras trabajara para la contra: a pesar de habérsele entablado un proceso por narcotráfico y de las objeciones de la DEA, podía entrar y salir del país a sus anchas gracias a una orden judicial. Sus aviones aterrizaban en la base aérea Ilopango, de El Salvador, protegida por el ejército, y durante dos años cargaron armas y descargaron droga a pleno día en el Aeropuerto Ejecutivo de Fort Lauderdale, Florida.
El reclutamiento de aviones de carga y pilotos

La CIA siempre niega que reclutó narcotraficantes. Pero existen muchas pruebas de que los amigos de la contra les hacían "una oferta que no podían rechazar": prometían protegerlos a ellos de los tribunales, y proteger sus vuelos a aeropuertos y bases militares de Estados Unidos. A cambio, se formó una red de aviones de carga y pilotos "autofinanciada" que no se podía vincular fácilmente a la CIA o al Departamento de Defensa.

Durante el juicio del general Noriega en 1991, el narco colombiano Carlos Lehder (un testigo de cargo) dijo que un funcionario del gobierno estadounidense ofreció dejarle traer cocaína si permitía que la red de ayuda a la contra usara una isla de las Bahamas de la que era dueño. Lehder también dijo que el cartel colombiano contribuyó unos $10 millones a la contra. (8)

Según un subcomité sobre Narcóticos del Senado, el gobierno federal retiró la acusación contra el traficante Michael B. Palmer, el dueño de Vortex, porque "no cuadraba con los intereses nacionales". Ese subcomité también informó que en 1985 un fiscal federal de Miami cerró una investigación de narcotráfico en el rancho de John Hull porque el gobierno "lo estaba protegiendo". El Informe Kerry dice que fue la embajada estadounidense en Costa Rica la que paró esa investigación. (6)

Michael Levine, agente de la DEA durante 25 años, le dijo al Los Angeles Times que "investigaciones de alto nivel de narcotráfico fueron destruidas" porque la CIA intervenía para proteger a los traficantes en nombre de la "seguridad nacional". (9) En 1983, cuando estaba creciendo la operación de ayuda a la contra, la DEA cerró su oficina en Honduras, donde estaban las principales bases y pistas de aterrizaje de la contra.
Aeropuertos y protección para los traficantes

Los vuelos de Tolliver y otros traficantes a bases militares estadounidenses eran rutinarios. En abril de 1987 el Boston Globe informó que entre 50 y 100 vuelos "arreglados por la CIA han despegado o aterrizado en aeropuertos de Estados Unidos durante los últimos dos años sin inspección" de la Aduana. (6) Con la protección del gobierno, esos traficantes usaban bases militares, como la base Homestead de la Fuerza Aérea, cerca de Miami, bases de la Fuerza Aérea en Texas y pistas de aterrizaje cerca de Mena, Arkansas (cuando Bill Clinton era gobernador). (3)

En Latinoamérica, la operación utilizaba dos bases aéreas controladas por Estados Unidos, además del rancho de John Hull, de las bases aéreas del gobierno panameño y de pistas de aterrizaje en Barranquilla, Colombia. Una era la base Ilopango de la Fuerza Aérea salvadoreña, virtualmente bajo control del Pentágono. En 1985, el coronel James Steele, jefe del Grupo de Asesoría Militar en El Salvador, estaba a cargo de Ilopango y dirigió personalmente esa parte de la operación de ayuda a la contra. La otra era la principal base de la contra en Aguacate, Honduras. Esas bases eran muy importantes porque contaban con pistas de aterrizaje aptas para grandes aviones de carga militares. (4)

Celerino Castillo, quien fue jefe de la DEA en Honduras, El Salvador y Costa Rica, dijo que le informó a sus jefes que la "Red North" y la CIA tenían una enorme operación de armas y drogas en el aeropuerto militar Ilopango. En su libro Powder Burns: Cocaine, Contras and the Drug War, publicado en 1994, Castillo escribió: "En mis informes anoté los nombres de los traficantes, y también el destino, trayectoria, número, fecha y hora de cada vuelo. Cada semana centenares de vuelos llevaban cocaína a los compradores y regresaban con dinero destinado a la gran lavadora de dinero del istmo de Panamá".

Castillo dijo que la operación se realizada en dos hangares en Ilopango: "La CIA era dueño de uno y el Consejo de Seguridad Nacional del otro". (4) Gary Webb documentó que la cocaína de la red de distribución de la contra en California pasaba por Ilopango, y que su principal dirigente, Meneses, tenía amistades con generales salvadoreños. "No sabemos hasta qué punto están metidos en el narcotráfico los militares hondureños", dijo un funcionario del Departamento de Estado. "Pero nuestra suposición es que todos los altos oficiales están al tanto, muchos están involucrados...y todos sacan ganancias". (1)

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Estas pruebas demuestran que funcionarios del gobierno estadounidense crearon y dirigieron las redes de aviones que llevaban armas a la contra y traían droga a Estados Unidos. Ahora quieren que creamos que la contra llevó a cabo esas operaciones por su cuenta, mientras que agentes de bajo nivel de la CIA simplemente "se hacían los de la vista gorda".

A cierto nivel, las pruebas que conectan esas operaciones con la CIA son fragmentarias. Eran operaciones secretas, diseñadas por profesionales para tapar el papel del gobierno y permitirle negarlo.

Pero los mercenarios de la contra no podían concebir ni organizar esas operaciones por sí mismos. Solo apoyo al más alto nivel del gobierno podía proteger esas redes y dejarles entrar a bases militares en Estados Unidos. Muchas pruebas constatan la mano de la CIA en esas operaciones, y que las creó, protegió y dirigió: testimonio y documentos de agentes de la DEA, investigaciones del gobierno costarricense, declaraciones de funcionarios de Aduana, de agentes de la contra y de narcotraficantes.

La CIA lo niega. Pero los hechos son patentes y más claro no canta un gallo: mientras el gobierno propagandizaba su "di no a la droga", mientras criminalizaba a toda una generación, ese mismo gobierno estaba metido hasta el tuétano en la importación de cocaína y otras drogas para financiar la guerra de la contra en Nicaragua.
Fuentes

1. Washington's War on Nicaragua, Holly Sklar, South End Press, 1988.

2. The Iran Contra Connection�Secret Teams and Covert Operations in the Reagan Era, Jonathan Marshall, Peter Dale Scott y Jane Hunter, South End Press, 1987.

3. "How the U.S. Government Has Augmented America's Drug Crisis", Peter Dale Scott, Ph.D.; War On Drugs: Studies in the Failure of U.S. Narcotics Policy, Alfred W. McCoy y Alan A. Block (editores), Westview Press, Boulder, 1992.

4. "CIA and Drug Trafficking by Contra Supporters", memorial de Peter Dale Scott, Ph.D., 30 de septiembre de 1996.

5. "Account Links Contras, Drug Trafficking", Douglas Farah y Walter Pincus, Washington Post, vuelto a publicar en el San Francisco Chronicle, 31 de octubre de 1996.

6. "The Contra-Cocaine Connection", Amy Lang, revista Convergence, Christic Institute, otoño de 1991.

7. "State Organized Crime", American Society of Criminology Presidential Address, William J. Chamblis, 1988.

8. "A Media Snow Job", In These Times, 28 de octubre de 1996.

9. "Is the CIA's New Openness Just Another Con Job on a Naive Public?", Michael Levine, Los Angeles Times, 12 de septiembre de 1993.